Jardinería

Pulgón de cedro


Plantas huésped y daños


Los dos pulgones provienen de las áreas de la cadena Atlas y están específicamente dedicados a los árboles coníferos del género Cedrus.
Cedrobium laportei preferiblemente ataca a Cedrus atlantica y Cedrus libanotica, mientras que los cedros de Cinara son comunes en Cedrus atlantica y en Cedrus deodora.
Ambos son cortexículos y viven en colonias gruesas dispuestas en una manga en las ramas de diámetro inferior a 2 cm y en las ramitas más pequeñas, formando una abundante melaza que cayendo, como una lluvia muy fina, mancha el suelo y las cosas subyacentes a las plantas.
Las colonias afídicas son comúnmente frecuentadas por hormigas. Los daños causados ​​son considerables y se manifiestan con el enrojecimiento y la caída de las agujas. Las ramas tienen vegetación reducida, limitada a la parte distal. Cuando las colonias se localizan en el tronco de las plantas jóvenes o en la cima de las ya desarrolladas, la vegetación en el ápice de las ramas se vuelve amarilla y se seca.
La melaza producida por los pulgones desarrolla una fumaggine abundante que, al incorporar las partículas sólidas presentes en la atmósfera, forma incrustaciones espesas y negruzcas que, además de desfigurar el aspecto ornamental de las plantas, ejercen una acción asfixiada sobre la vegetación. Los individuos gravemente afectados perecen e incluso pueden morir en unos pocos años.

Ciclo biologico


Los dos pulgones se multiplican a través de la sucesión continua de generaciones partenogenéticas. Solo en invierno las colonias se reducen, pero sobreviven a los rigores de la temporada. Por el trabajo de las fundadoras y la abeja partenogénica hembra sobrevivió al frío invernal, las colonias de pulgones reanudaron su crecimiento, para alcanzar la máxima densidad en junio, cuando con la llegada del calor del verano se produce el mayor daño.
En el caso de los cedros de Cinara, el invierno también se supera con los huevos duraderos puestos en diciembre enviados a las agujas.

Áfido de cedro: defensa


Los dos fitófagos son combatidos naturalmente por diferentes depredadores: larvas y adultos de coccinélidos, larvas de neuróticos crisópidos y sílfidos.
Cuando las infestaciones tienden a empeorar, sin embargo, es apropiado intervenir rociando toda la planta con aficionados tales como: acefalo, pirimicarb, etiofencarb o con otras preparaciones específicas con baja toxicidad.